martes, 21 de junio de 2016

En el nombre de Ómar Arturo. Por Ómar Ortiz Forero. EL TABLOIDE, Tuluá. 20 JUNIO, 2016

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En el nombre de Ómar Arturo 
Por Ómar Ortiz Forero

EL TABLOIDE, Tuluá. 18 de JUNIO, 2016
“Nos dejó como legado la obligación de amar”

Tengo que reconocer que mi padre, al contrario de la mayoría de los padres, y en especial de los padres que se mueren, no era el padre perfecto. Para comenzar y como lo recuerda María José, una de sus nietas, hacía trampa jugando parqués porque no le gustaba perder; era en extremo glotón, yo lo vi comerse un mate de libra de manjarblanco de una sola sentada luego de gozarse el contenido de una enorme chuspa de empanadas de Las Chapetas; de un talante rebelde, se fue a estudiar a Bogotá la carrera de derecho en una universidad, la Externado de Colombia, fundada por los radicales liberales para contrarrestar la hegemonía goda de la Universidad Nacional en los años cuarenta del siglo pasado y se hizo conservador, y conservador laureanista.

Pero como lo afirmó, Lorena, otra de sus nietas, nos dejó como legado la obligación de amar. Porque la larga vida de Ómar Arturo (Tuluá, 1921 - Bogotá, junio 2 de 2016) fue un ejercicio de amor. Es conocida la historia de su voluntad de vestir luto por siempre una vez fallecida Josefa, su madre. Por eso su figura siempre de traje negro recorriendo la séptima de la iglesia de San Francisco al Edificio La Carrera en la 18 con 7, donde oficiaba como abogado, todos los días del año de ida y vuelta de misa de 12, se hizo celebre en el paisaje bogotano del centro. Para Beatríz, su esposa, fue un compañero amoroso que supo acompañarla en los dolorosos trances de la artritis que terminó por llevársela hace 20 años.
Para nosotros, sus hijos, tuvo el rigor y la benevolencia, como código para formarnos como seres humanos libres pero responsables de nuestros actos. Para su prójimo, y más si el prójimo era paisano, una disposición de servicio del que dan buena cuenta más de un centenar de tulueños y de vallecaucanos para los cuales siempre tuvo abiertas las puertas de su oficina y de su casa.
Amó su profesión de abogado la que consideraba el oficio de solidaridad por excelencia, y fue ese mismo criterio lo que le llevó a defender a los aparceros y arrendatarios rurales de la región de Icononzo, iniciando su carrera, ganándose el respeto de los líderes campesinos de la región, como Juan de la Cruz Varela. Más tarde desde su oficina del Edificio Sierra en la 12 con 8, que compartió con Lisandro Martínez Zúñiga y luego en la citada del Edificio La Carrera, puso a disposición de trabajadores y empleados sus vastos conocimientos del Derecho Laboral, convirtiéndose en uno de los más respetados laboralistas del país.

Y por supuesto amó a Tuluá con todas sus entrañas, tanto que podría asegurar que sus 95 años de vida, no fueron otra cosa que una amorosa devoción de tulueñismo.
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 Ómar Arturo * con su familia
* Tulua, 1921 - Bogotá, junio 2 de 2016

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Fuente de las fotografías:
https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=10153622907527876&id=574592875
Allí, también, mensajes de amistad, solidaridad y condolencia 
para con Ómar y su familia. 
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Arriba: Ómar Arturo Ortiz. Abajo: su hijo Ómar
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